Khalil AlHalwachi
Detenido en Bahrein



Khalil AlHalwachi es un erudito bahreiní de 58 años, ex activista político recluido en la prisión de Jau. Fue condenado en un juicio injusto por motivos políticos y ha sido sometido a malos tratos, incluida la denegación de atención médica, por parte de las autoridades encargadas de la detención.

En la madrugada del 3 de septiembre de 2014, un gran número de oficiales, algunos uniformados y otros vestidos de civil, allanaron la casa de Khalil y lo arrestaron sin orden judicial. Los agentes llevaron a Khalil a la Dirección de Investigaciones Criminales (CID) del Ministerio del Interior, donde le vendaron los ojos y le esposaron. Enseguida lo obligaron a ponerse de pie, le impidieron usar el baño y le prohibieron rezar. Tampoco permitieron que Khalil durmiera y lo encerraron en una celda estrecha con bajas temperaturas.

Los oficiales afirman que arrestaron a Khalil porque encontraron un arma escondida en su casa durante el registro. Al final también lo acusaron de ayudar en los bombardeos. Khalil niega todas las acusaciones y afirma que la policía trajo el arma a su casa y la colocó para justificar su detención. Además, Khalil cree que su arresto fue en represalia por su posición como miembro fundador de la Sociedad de Acción Islámica (AMAL), un grupo de oposición legalmente registrado que fue disuelto por el gobierno entre arrestos masivos de sus líderes en 2012. Durante el interrogatorio de Khalil, la mayoría de las preguntas se centraron en su participación en AMAL, y se vio obligado a firmar una confesión confirmando todos los cargos en su contra. Los agentes amenazaron con que si se negaba a hacerlo, lo llevarían de vuelta al CID para torturarlo de nuevo.

Mientras esperaba el juicio, Khalil fue detenido en el Centro de Detención de Dry Dock, donde sus solicitudes de tratamiento médico fueron rechazadas en múltiples ocasiones. Khalil se quejó repetidamente de que había experimentado entumecimiento en su brazo izquierdo debido a un coágulo de sangre, que había experimentado antes. Sin embargo, las autoridades no tomaron ninguna medida para atender esta solicitud.

El 23 de marzo de 2017, más de dos años después de su arresto, Khalil fue condenado a diez años de prisión por cargos derivados del arma que, según él, fue colocada por los oficiales. Fue trasladado a la prisión de Jau, donde ha sido sometido a malas condiciones y malos tratos. Khalil ha informado que los reclusos han encontrado insectos, piedras y monedas en su comida. También ha declarado que los guardias trajeron botellas vacías de Clorox (un detergente) para que los reclusos las usen como agua potable.

En la prisión de Jau, la salud de Khalil se ha deteriorado y necesita una urgente atención médica. Sin embargo, cuando Khalil informó que tenía problemas de respiración y solicitó acceso a la clínica de la prisión, las autoridades rechazaron esta solicitud. Khalil también recibió tratamiento médico inadecuado cuando continuó experimentando síntomas de un posible coágulo de sangre. La administración penitenciaria sólo le permitió visitar la clínica de la prisión en lugar de un médico especializado, según lo solicitado. Además, incluso después de casi un año completo desde su llegada a la prisión de Jau, Khalil no ha recibido aspirina para prevenir los coágulos sanguíneos, a pesar de que esto ha sido recomendado por sus médicos.

En 2014, durante el juicio inicial de Khalil, la Corte pospuso el proceso más de 20 veces durante sus dos años y medio de detención. Actualmente está apelando y la Corte de Apelaciones ha repetido este patrón, con continuas demoras que prolongan los procedimientos. Ha informado de que los funcionarios de prisiones lo transportan al tribunal para sus audiencias, pero lo retienen en el autobús y no le permiten asistir, aduciendo la falta de personal de seguridad. Lo mantienen en el autobús desde la mañana hasta la tarde, sin usar el baño durante este tiempo. Su audiencia de apelación del 8 de marzo de 2018 se aplazó hasta el 2 de abril, y luego se volvió a aplazar hasta el 19 de abril, debido a la ausencia de Khalil de la sesión del tribunal. Sin embargo, su hija informó de que las autoridades lo trasladaron de nuevo al tribunal, pero lo mantuvieron en el autobús, lo que impidió su presencia en la apelación.

La hija de Khalil, Fatima AlHalwachi, es la vicepresidenta de la Organización Europea de Derechos Humanos de Bahrein (EBOHR), y también ha sufrido represalias por su trabajo. Como defensora del caso de su padre y de otras víctimas de abusos en Bahrein, a Fátima se le ha prohibido sistemáticamente salir de Bahrein y se le ha prohibido específicamente asistir a los eventos de las Naciones Unidas.

El 6 de mayo de 2019, Fatima declaró que «el tribunal de casación rechazó las apelaciones presentadas y confirmó una condena de 10 años de cárcel contra mi padre. Por lo tanto, el veredicto se considera definitivo». Anteriormente, en una carta dirigida al Presidente del Parlamento Europeo, declaró que las autoridades de Bahrein habían inventado la acusación contra su padre.

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