Abdulla Habib Swar
Detenido en Bahrein

 

 

 

Abdulla era un estudiante y jugador del Al-Shabab Club de fútbol cuando fue arrestado en 2019, después de que las autoridades le acosaran durante seis años por su participación en las demonstraciones pacíficas y eventos religiosos por la democracia de 2013 en Bahréin. Desde su detención, Abdulla ha sido torturado y condenado de manera injusta; actualmente se encuentra en la cárcel de Jau.

 

El 22 de septiembre de 2019, el hogar familiar de Abdulla fue redado por la policía en la región de Diraz. Fue arrestado, por agentes del Estado que incluían a agentes de policía vestidos de paisano, miembros del Comando de Fuerzas de Seguridad Especial, y agentes del Directorio de Investigación Criminal (DIC), sin contar con una orden judicial. Durante seis años, Abdulla fue acosado, perseguido y amenazado de muerte. Durante su detención, los agentes solo proveyeron a los padres de Abdulla con una orden de comparecencia con su nombre.

Abdulla fue desaparecido forzosamente durante 16 días, durante los cuáles fue trasladado al Edificio 15 de la cárcel de Jau y tras ello a una ubicación desconocida. El joven alega que fue interrogado por la Academia Real de Policías durante cuatro días, durante los cuáles fue cegado y amordazado y víctima de torturas. También se le torturó en el decimoquinto Edificio de Jau. Tras su arresto, Abdulla fue permitido contactar con su familia, aunque se le permitió menos de un minuto de llamada, para declarar falsamente que se encontraba en el DIC, aunque en realidad seguía recluido en la cárcel de Jau. Tras ello, fue trasladado de nuevo al DIC. A todo esto, su abogado no pudo estar presente en ninguno de sus interrogatorios.

El 8 de octubre de 2019, tras dos meses desaparecido, fue llevado a prisión. Abdulla no obtuvo información ni detalles de los cargos de los que se le imputaba, porque no tenía un abogado ni se le llevó a comparecer ante un juez antes de su encarcelamiento.

Durante sus interrogatorios en el DIC, Abdulla fue sujeto a distintas medidas de torturas durante tres o cuatro días. Le detuvieron medio desnudo, encadenado y con los ojos vendados. Fue acosado sexualmente y golpeado, además de forzado a permanecer de pie durante períodos prolongados y amenazado con herir a su familia.  A raíz de aquellas torturas, Abdulla asintió y firmó una declaración que lo nombraba culpable sin saber su contenido.

Se encontraron sentencias escritas, que encontraban a Abdulla culpable de todos los cargos arraigados de siete causas separadas, antes del juicio que lo condenó a 18 años de prisión. Además, no recibió ningún documento a cerca de su sentencia y no se le informó de ninguna causa. Recibió una orden de comparecencia y citaciones judiciales, pero ninguna contenía los cargos que se le imputaban. Sólo se le citó para comparecer ante la Fiscalía del Estado o ante el juez. Sin embargo, no compareció ante el Fiscal General del Estado porque las sentencias emitidas contra el fueron in absentia y de carácter absoluto.

Hubo sentencias directamente tras su detención. El 15 de febrero de 2013 Abdulla y otros fueron acusados de cargos múltiples: 1) Asaltar un miembro de las fuerzas de seguridad tras darle una paliza durante el transcurso de su trabajo y con intenciones terroristas; 2) Participar en una demonstración ilegal con la intención de cometer crímenes contra la seguridad nacional por medio de la violencia; 3) Posesión de material inflamable con la intención de uso contra la población civil. También se le acusó de unirse a la banda Saraya Al-Ashtar y de recibir formación paramilitar. Esta última fue la única acusación y sentencia que se emitió con la presencia de Abdulla el 6 de noviembre de 2019, y se reafirmó el 31 de diciembre de ese mismo año.

 Asimismo se le negó el acceso a un abogado y no se le permitió presentar pruebas en su defensa porque no obtuvo permiso para atender a todas las audiencias judiciales. Sólo pudo atender dos o tres audiencias cuando fue trasladado desde prisión en autobús. En todo momento se le mantuvo encadenado y no se le dejó entrar dentro del tribunal en sí.

Abdulla pudo reencontrarse con sus padres dos semanas después de su detención. Les confesó que había sido discriminado en contra por su afiliación religiosa y no se le permitía practicar ritos religiosos en la cárcel. De manera preventiva, se le negó el acceso a escritos religiosos ni atender lugares de culto en prisión.

Además el joven padece de problemas de colon y estómago y un mes después de su encarcelamiento solicitó acceso a un médico para que se le tratase. Todavía no ha sido visto por un doctor mientras continúa preso en la cárcel de Jau.

El trato recibido por Abdulla vulnera las obligaciones de Bahréin a respetar sus derechos humanos internacionalmente reconocidos, como el Convenio internacional de los derechos civiles y políticos, la Convención en contra de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. La detención sin orden judicial y el enjuiciamiento parcial de Abdulla vulneran los artículos 7, 9, 10, 14, 17 y 18 del Convenio internacional, y las torturas que sufrió Abdulla son una violación significativa de la Convención.

El grupo Americans for Democracy and Human Rights in Bahrain (Americanos por la Democracia y los Derechos Humanos en Bahréin) hace un llamamiento al gobierno para que conduzca un nuevo juicio, esta vez justo, bajo los estándares mínimos internacionalmente reconocidos. Además, ADHRB sugiere de manera urgente al gobierno bahreiní a que abra una investigación a las alegaciones de tortura de Abdulla, para responsabilizar a los autores responsables.

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