Abbas Ismaeel Ghuloom
Detenido en Bahráin

Abbas Ismael Ghuloom fue ex-jugador del Club Manama y la selección bahreiní entre el 2000 y 2002. Tras graduarse de la universidad de Ahlia y consiguió un trabajo en los bancos nacionales de Bahréin y Kuwait hasta el 2011, donde fue violentamente arrestado y torturado. Además, continúa detenido, de manera arbitraria, en la Cárcel de Jau. 

En la madrugada del 24 de marzo de 2011, más de 20 policías, armados y enmascarados, redaron su hogar familiar. Además de los agentes, la casa fue rodeada por un grupo inidentificable que la familia no pudo distinguir. El arresto fue acaecido de manera violenta y sin orden judicial alguna. Los agentes despertaron a la familia entera, gritando órdenes y demandando respuestas de la familia, sobre todo a los padres de Abbas, sin considerar sus condiciones precarias, ambos aquejados por diabetes y tensión alta. 

Abbas fue inmediatamente arrestado, esposado y se le vendaron los ojos. Fue duramente golpeado ante su familia y trasladado a un lugar desconocido por los agentes. Tras presenciar esta escena tan dramática, su madre se desmayó y su hermana entró en un estado de histeria por la emoción sufrida. Los policías insultaron, maldijeron y discriminaron en contra de la familia con insultos sectarios 

Tras su arresto, Abbas fue desaparecido forzosamente durante dos meses, durante los cuales permaneció incomunicado de su familia, que no recibió noticia alguna de su paradero. Fue permitido contactar con su familia el día que comenzó su juicio, dos meses después de su detención inicial. Abbas siguió detenido en el Directorio de Investigación Criminal (DIC) durante 20 días, e interrogado cada dos o tres. Posteriormente fue llevado a los despachos del Fiscal General del Estado dos veces durante el mes de marzo en 2011. La primera vez, renunció a confesar, pero la segunda accedió, coaccionadamente a firmar con los ojos vendados unos documentos que contenían su ficticia confesión escrita. Seguidamente, transfirieron a Abbas a la Prisión del Dique Seco, y sólo se le permitió contactar con sus familiares el día antes de su proceso judicial, tras seis semanas de aislamiento. 

Durante sus interrogatorios, Abbas fue torturado sectariamente en base a su afiliación con la secta Chií del Islam. Alega que todas las vejaciones que sufrió desde el primer día fueron con relación a su religión. En el DIC fue torturado bajo varios métodos como palizas, ataduras de pies y manos, electrocuciones, acoso sexual y amenazas de violaciones sexuales contra su madre y hermana. 

Además, se le prohibió dormir, usar el baño o ir vestido. También se le forzó a tomar pastillas para dormir y alucinógenas, en adición a ofender contra líderes políticos y religiosos. En resultado a estas torturas, ahora ha perdido parte de su dentadura, sufre una cojera y moratones y lesiones en los pies. Asimismo, dispone de signos de tortura en las rodillas, y descoloraciones en las plantas de sus pies y manos. 

Abbas no pidió acudir a un médico por miedo a mayores represalias y sufrir más vejaciones. Mientras estaba detenido en el edificio de Al-Amal en 2013, donde agentes antidisturbios atacaron varios edificios, éstos le rompieron la nariz, y en 2015, tras ser trasladado a la cárcel de Jau, fue forzado a dormir en tiendas de campaña bajo la lluvia y temperaturas bajas por la gendarmería jordana. 

Abbas fue imputado con el asesinato de un hombre pakistaní que tuvo lugar el 13 de marzo 2011 en Manama, la capital, con reuniones ilícitas y causar daños públicos. Sin embargo, ese mismo día, Abbas sufrió una lesión de cadera y fue llevado al hospital Al-Samaniya en la región del Dique sobre las once de la mañana, donde recibió tratamiento. Permaneció en el hospital hasta las seis de la tarde y se comunicó que por sus lesiones no podría andar ese día. Testimonios de la defensa confirmaron estos eventos. 

El trato que recibió Abbas es una clara vulneración de sus derechos y obvia cómo Bahréin ignoró sus obligaciones bajo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), la Convención contra la Tortura (CCT), y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESR). Además, se le negó cualquier comunicación con sus abogados durante interrogatorios y hasta que recibió su condena, no se le informó de los cargos que se le imputaban. Igualmente, confesó durante su tortura que golpeó a la víctima, pero nunca de matarla. 

Estas confesiones fueron obtenidas ilegalmente, utilizadas en su contra durante su enjuiciamiento, y sin presencia de su abogado. Su arresto fue sin orden judicial y no fue remitido con presteza frente a un tribunal. Su juicio no se conformó con procedimientos legales: no se visitó la escena del crimen, ni se recogió información vital de la víctima y las fuentes que proporcionaron ésta se mantuvieron confidenciales. Asimismo, la unidad de investigación no pudo especificar los actos cometidos por las partes acusadas y las declaraciones contradictorias de las mismas. Abbas fue torturado, amenazado y golpeado desde el primer día de su arresto, y su familia denigrada con insultos sectarios. Por ello, el trato de Abbas vulnera los artículos 7, 9, 10, 14, 18 y 19 del PIDCP y suma una violación del CCT. 

Americans for Democracy and Human Rights in Bahrain (Americanos por la Democracia y los Derechos Humanos en Bahréin) urgen al gobierno de Bahréin a liberar a Abbas. Si se mantiene esta condena criminal contra él, se solicitará la repetición de su juicio bajo los principios mínimos establecidos internacionalmente. Además, llaman a que se investiguen las alegaciones de tortura sufrida por Abbas, para finalmente ajusticiar aquellos responsables, especialmente a los tenientes mencionados en el testimonio de Abbas, uno de los cuales testificó en su contra durante su juicio.

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